Aunque sólo sea ligeramente, el empate logrado por el Valladolid le permite alejarse del descenso y cortar la mala racha de resultados que venía encadenando. Además recuperó el juego que le ha traído hasta aquí, aunque únicamente fuera en la primera parte.
La primera buena noticia se produjo en la alineación, ya que volvieron al equipo Sesma y, sobre todo, Borja. Hacía varios partidos en los que se veía que el medio campo necesitaba un cambio, más velocidad y sorpresa, y éso es justo lo que aporta el gallego, además de mucha más consistencia defensiva y anticipación.
Los pucelanos controlaron completamente la primera parte del partido, enla que el Mallorca no se acercó apenas al marco de Asenjo, ya que volvió la presión ordenada y efectiva que ha caracterizado al Valladolid durante casi toda la temporada.
Borja y Álvaro Rubio controlaban el medio campo y el balón, las bandas se mostraban incisivas, la primera ocasión clara fue para Marcos, que disparó alto desde dentro del área; y la defensa no pasaba apuros. Pero el Pucela se atascaba en el mismo sitio de siempre, en el más importante: en el área rival.
De momento Llorente es el único que está aportando gol al equipo. Nadie ha tomado el relevo de Víctor, que se encuentra en un claro bajón de juego aunque lo está recuperando poco a poco, y el equipo lo nota. Las bandas no consiguen poner un centro bien, y cuando lo ponen o es demasiado pronto y Llorente no ha llegado o es demasiado tarde y se ha pasado.
Una muestra de la dificultad del equipo para marcar es el gol, conseguido tras una serie de rebotes en el área después un saque de esquina. Tuvo que ser Llorente, ahora mismo pichichi nacional por delante de Raúl y Güiza, el que empujara el balón a las redes definitivamente.
La primera parte no dió para más. Pero la segunda sería una historia muy distinta. El Mallorca salió a por el partido, así que el Valladolid se agazapó atrás para conservar el resultado y esperar un contrataque para marcar el gol que sentenciara el partido.
Pero al Valladolid le cuesta mucho construir bien los contrataques. A veces una conducción de balón demasiado larga, otras una mala elección del pase, otras esperar a que llegue algún compañero… pero el caso es que el equipo contrario siempre termina recolocándose, y en muchas ocasiones robando la pelota y pillando desprevenido al Valladolid, que no finaliza la jugada y ataca con demasiados efectivos.
Así el equipo balear tuvo las ocasiones más claras en la segunda parte, pero se encontró con un Asenjo enorme -¡cómo lo necesitaba tras elpalo del Madrid!-. Primero paró un disparo desde dentro del área a Varela, que no suele fallar esas ocasiones, y después le sacó un mano a mano a Güiza, que pecó de egoísta ya que tenía a Borja Valero solo junto a él. En esta jugada la defensa del Valladolid demostró que no anda muy fina tirando el fuera de juego, porque se volvió a comer un pase elevado que dejó en ventaja a los dos delanteros bermellones.
El partido se abrió a partir de entonces, con acercamientos en las dos áreas. Aquí el Valladolid sufrió al linier, que no se cansó de pitar fueras de juego dudosos y no tan dudosos -que no lo eran-, cortando casi todos los ataques blanquivioletas.
Y en uno de estos ataques, Sisi centró y Scaloni impidió el remate de Llorente con un claro agarrón dentro del área que vió todo el estadio menos el árbitro y su linier ( el mismo que tenía el ojo de halcón para los fueras de juego). Ahí pudo estar la victoria para el Valladolid.
Pero el siguiente agarrón si que lo vió. Un ligero toque de Rubio en la espalda de Trejo, tan ligero que nadie protestó la falta porque nadie la vió hasta que el árbitro señaló el punto de penalty, le sirvió a Ibagaza para batir a Asenjo e igualar el marcador.
Y a partir de ahí el Valladolid intentó marcar el segundo, descuidando demasiado su retaguardia. Mendilíbar había dado entrada a Baraja por Sisi antes del gol mallorquín, así que introdujo dos nuevos cambios, los debutantes Aguirre y Manchev, y pasó a un sistema con tres defensas.
Los fichajes invernales dieron frescura al equipo. Aguirre forzó la expulsión de Nunes, que le derribó cuando se iba solo hacia la portería, y se le vió participativo aunque fallón en una de sus cualidades, el centro al área. Y Manchev dejó claro que se lo va a poner difícil a Ogbeche, ya que propició una ocasión de gol tras robar la pelota aunque la defensa del Mallorca despejó finalmente la pelota.
Sin embargo, la ocasión más clara la tendría de nuevo Güiza. En otro descuido del Valladolid se plantó ante Asenjo, que le volvió a ganar la partida y desvió su disparo a córner.
Así que visto lo que pudo pasar el punto conseguido es bueno, el Valladolid se aleja un poco más del descenso y recupera su juego y su moral. Ahora el próximo objetivo debe ser sumar el máximo de puntos en los siguentes cuatro partidos, los previos a la visita al Camp Nou, ante rivales directos por el descenso.
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