El pasado domingo 30 de marzo el Valladolid consiguió una victoria importantísima para seguir en Primera División el año que viene. Se enfrentaba al Zaragoza, que contaba con un punto más que el equipo pucelano, lo que hacía del partido un choque vital para ambos conjuntos.
El Valladolid salió más enchufado, recordando al equipo asfixiante en la presión y rápido en ataque de la primera parte del campeonato. Pero también recordaba a ese equipo en que el dominio del balón no se traducía en ocasiones claras.
Al Zaragoza se le notaba la presión del descenso, para la que no había sido diseñado. Era un equipo hecho para aspirar a Europa y tras esta derrota está empatado a puntos con el descenso.
Pero la calidad que se le presupone dió sus frutos en la primera ocasión que tuvieron. Diogo centró al segundo palo, Baraja se tragó el centro y Milito cabeceó hacia atrás para el remate definitivo de Zapater.
El Valladolid estaba dominando claramente a su rival y se encontraba con un duro golpe que le metía en descenso, pues el Recreativo iba ganando su partido. Tras unos instantes de dudas el equipo pucelano se rehizo y volvió a tomar las riendas del encuentro, logrando dos ocasiones en las botas de Llorente, pero en una el balón se le quedó atrás y en otra la vaselina se le fue demasiado alta.
Así se llegaba al descanso, con las alarmas encendidas, puesto que la jornada estaba siendo nefasta para los intereses blanquivioletas. A la momentánea victoria del Recre se unía la del Osasuna y el propio partido que estaban jugando.
En la segunda parte el Valladodid no cedió ni un metro y se fue en busca del empate, que a punto estuvo de llegar en un tiro de Víctor que dió en un defensa blanquillo y obligó a César a estirarse.
El Valladolid seguía dominando sin frutos, las bandas lo intentaban y el centro del campo superaba claramente a sus adversarios, pero las ocasiones no llegaban. Así llegamos a la polémica inflexión del partido.
Llorente se internó en el área y cayó en su lucha con Chus Herrero, el árbitro lo vió claro y pitó penalti a pesar de la protestas mañas. Era la ocasión de empatar y Víctor no falló.
A partir de ese momento, el Valladolid apretó más aún y el Zaragoza dió un paso atrás con la entrada de Celades por Diego Milito. El público de Zorrilla tenía claro que la remontada iba a llegar y animaba a su equipo.
Y la remontada llegó en una jugada por la izquierda. Sesma remató su buen partido con un centro al área que remató Llorente de la única forma que sabe, entrando con todo.
Lo más difícil estaba hecho y ahora tocaba defenderlo. El Zaragoza intentó salir un poco, pero no se encontraba con fuerzas ni con moral. Villanova trató de dar un impulso a su equipo con la salida de Sergio García y del canterano Montejo, pero el Valladolid se defendía bien y no daba ninguna oportunidad.
A pesar de ello, en el estadio reinaba el nerviosismo,ya se habían perdido muchos puntos en los últimos instantes por despistes. A esa sensación de neviosismo se unió la de temor, cuando los aficionados vieron retirarse a Llorente lesionado del brazo tras una mala caída.
Parecía que no podía pasar nada más después de la remontada, la polémica y la lesión del goleador vasco, pero lo que quedaba de partido deparaba más de un susto no apto para corazones sensibles.
En el tiempo añadido, Sergio García dejaría mudo al estadio por unos instantes, al conseguir el tanto del empate. Pero Lizondo Cortés devolvería el aliento a los vallisoletanos al anular injustamente el gol por fuera de juego. La desesperación maña por la actuación del árbitro la demostró Juanfran al dar una patada sin opción de jugar el balón a Capdevila, provocando su expulsión.
Sesma pudo haber evitado el sufrimiento de su público se hubiera sido más egoísta en un contrataque , cuando sólo ante el portero intentó asistir a su compañero.
El partido se acabó entre las protestas de los zaragocistas y los abrazos pucelanos. De esta forma el Valladolid rompe su mala racha ante un rival directo y coge aire antes de su visita al Levante. Y mostró el que posiblemente será el camino de la salvación, mucho sufrimiento, mucho transistor para estar pendientes de los demás partidos y rezar para aprovechar las pocas ocaisones de gol de las que dispongan.